Mafias Sindicales
Trotsky on Jun 30th 2003
Corría el siglo XIV, la Revolución Industrial estaba en su apogeo, las fábricas e industrias (más concretamente los dueños de las mismas) explotaban a la masa obrera. Hombres que trabajaban 12 horas por una miseria, mujeres que lo hacían 10 horas por la mitad que un hombre, y niños que trabajaban 9 por la mitad de lo que lo hacía una mujer. Emanaciones venenosas acababan con los obreros, la seguridad y la prevención brillaban por su ausencia, no había ayudas sociales.
Ese era el clima en el que nacieron los Sindicatos, una fuerza que era necesaria para alcanzar el siguiente paso, la igualdad. Así que comenzaron a sindicalizarse, a luchar y morir por el derecho a lo que merecían. Y lo consiguieron, vaya que si lo consiguieron.
De hecho, hicieron tan bien su trabajo, que en pleno siglo XXI los sindicatos son una fuerza a tener en cuenta por cada Gobierno que se encuentra en el poder. Eso, a pesar de que el número de afiliados y que pagan cuotas no dan para mantenerse, ni para las sedes sociales, ni para los actos, ya que se mantienen por subvenciones del Gobierno. Eso a pesar de que no representan al obrero ni a la sociedad. Porque ya no estamos en la sociedad de hace dos- tres siglos, sino que la nueva fuerza a la que se ignora y maltrata es la del pequeño empresario, el autónomo, que no tiene quién le defienda o se preocupe por sus intereses. Eso a pesar de que los máximos representantes del obrero se desplazan en sus Audi-Mercedes-BMW, llevan ropa de marca, lucen relojes de oro, y son liberados (es decir, que hace al menos 15 años que dejaron de ser obreros, para convertirse en políticos.
Los sindicatos no luchan por el obrero, sino por su supervivencia, por el dinero y por el mangoneo. Cerraron Sintel a cambio de ayudas y empleos para una minoría, sin preocuparles lo más mínimo qué ocurría con el resto. Fontaneda, Suzuki… los ejemplos son casi infinitos. Los casos de corrupción, de cursos que no llegan a darse, pero por los que se cobran las ayudas, las falsas bolsas de trabajo, el caso tan fragrante de “enchufismo” que se da en las diputaciones. La malversación de los fondos, la poca representatividad y el caso de los liberados, hace pensar que el sindicalismo es una tendencia que debe desaparecer, para que la sociedad pueda reciclarse, dejar de estar anclada en el pasado, para que el dinero se gestione de forma adecuada. (Ya hay convenios generales que aseguran al trabajador un sueldo, vacaciones, ayudas, y una indemnización en caso de despido, por lo que la firma de convenios en grandes empresas no es sino una forma de discriminación positiva hacia esos trabajadores, no es posible que gane más un técnico de la SEAT de Martorell que un Ingeniero autónomo o que trabaje en una empresa sin enlaces sindicales)
Y por supuesto, el mayor indicador de la corrupción, los enlaces sindicales, los liberados y en último término los afiliados a un sindicato, por extraño que parezca, nunca aparecen en los recortes de plantilla que se realizan.
Renovación, limpieza, ante la la incompetencia y obsolescencia.
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