Como ustedes conocen, el diputado y secretario de relaciones internacionales del PP, Jorge Moragas Sánchez-Brías, ha sido expulsado de la isla-prisión de Cuba. Su viaje, acompañado de dos diputadas cristianodemócratas de los Países Bajos y de dos representante de dos o-ene-ges (una española y otra de los Países Bajos) no pasó de la zona de tránsito del aeropuerto de La Habana, de donde fueron agarrados y empujados hasta el avión de regreso, por el tremendo delito de ser un "enemigo de la revolución" y un "provocador". ¿Recuerdan el escándalo que se formó cuando se prohibió a Arafat acceder a EE.UU. en diciembre de 1989 y cómo se rasgaron las vestiduras ciertos círculos progresistas ante semejante hecho, aunque el muchacho tuviese en su haber algún que otro delito de terrrorismo? Sería lógico que ahora estuviesen formando el mismo escándalo ante este suceso, máxime teniendo en cuenta que Jorge Moragas no es el máximo responsable de una organización terrorista, como Arafat. Bueno, pues pese a eso (o mejor dicho, quizás por eso) la reacción de los representantes políticos de los partidos de izquierdas ha sido muy distinta.
Desde que Fidel Castro protagonizó su propio golpe de Estado en 1959, ha sido vergonzosa la actitud de parte de la progresía ante el alcaide de La Habana. Así, en la actualidad, mientras Jorge Moragas apoyaba a los perseguidos de todas las tendencias (desde el demócrata cristiano Olwaldo Payá, hasta el socialdemócrata Vladimiro Roca), otros respresentantes de la progresía, como Erick Campos, líder de juventudes socialistas, se iban a peregrinar ante la tumba del conocido asesino y terrorista Ernesto "Ché" Guevara y a celebrar reuniones con los representantes políticos de las juventudes comunistas, uno de los máximos responsables del aparato represor de la tiranía comunista cubana. Todos recordamos aquella escena en que Felipe González fumaba puros con Fidel Castro, rodeados de mulatas semidesnudas en el Tropicana en su visita del año 1986, mientras que los etarras salían y entraban de este país como Pedro por su casa, no se devolvían las propiedades robadas por Fidel Castro en los años 60 a miles de ciudadanos españoles valoradas por las estimaciones más austeras en 350 millones de dólares de la época (y a incontables ciudadanos cubanos y de otros países del mundo), se encarcelaba a todo aquél que osaba pedir elecciones y libertad para la isla, se obligaba al 20% de la población cubana a vivir fuera de su país, se financiaban movimientos terroristas en varios países hispanoamericanos, y se enviaba soldados a Angola, Congo, Mozambique y Etiopía para combatir en estos países y lograr la implantación de dictaduras comunistas.
Esta actitud, fue afortunadamente rota a finales de los 90, en que empezó a exigirse la liberación de los presos políticos en Cuba y dio lugar a la coordinación de la política exterior en el seno de la Unión Europea, de modo que en las celebraciones oficiales de sus embajadas en Cuba se invitasen a miembros de la oposición política a la dictadura castrista, y que trajo consigo sanciones diplomáticas
Esta postura ha sido recientemente abandonada por nuestro presidente del gobierno y su ministro de amistades terroristas, al nombrar de embajador en Cuba a Carlos Alonso Zaldívar, pese a que la tiranía de Castro siga dando muestras de su ferocidad. El historial del actual embajador resulta bastante curioso. Si bien es ingeniero aeronáutico, en 1985 Felipe González lo incorpora al ministerio de asuntos exteriores, como director de gabinete primero, y posteriormente como asesor ejecutivo. Entre 1990 y 1994 dirigió el departamento de Estudios del Gabinete de Presidencia. Poco después fue nombrado embajador en Corea, cargo que ocupó hasta 1996. Dos años más tarde, se incorporó al equipo del Partido Socialista que elaboró el programa electoral para las elecciones generales de 2000. En 2001 fue destinado a Israel como encargado de negocios, puesto en el que estuvo hasta que le eligieron consejero cultural en Roma. Y sorprendentemente, con dicha experiencia es nombrado embajador de una sede tan difícil y problemática como Cuba. Induce a pensar que se trata de un pago por sus servicios de colaboración en el boletín oficial del régimen.
Con tan sorprendente embajador y la política exterior de bajada de pantalones inaugurada por Zapaterlain, los resultados han confirmado las peores previsiones. En su primera declaración en una recepción de importancia, en la fiesta nacional de este país antaño conocido por España, se colocó del lado del verdugo despreciando a las víctimas (justo como Batasuna). Zapaterlain, no sólo no corrigió las declaraciones de su embajador, sino que las apoyó, siguiendo su nueva política de criticar a las democracias y congraciarse con terroristas y dictadores. ¿Cómo agradeció el tirano los servicios prestados? Pues como sabe, con represión y tiranía.
¿Cómo reacciona nuestro gobierno ante tal atropello? ¿Como el de los Países Bajos, con "indignación" y "cólera"? En un principio hubo una leve señal de esperanza cuando el embajador se comprometió simplemente a cumplir con su trabajo de auxiliar a un nacional, al afirmar que iría inmediatamente al aeropuerto de La Habana a socorrer a Jorge Moragas. Pero todo quedó en humo y se portó como un cobarde al no aparecer por el aeropuerto pese a haber dado su palabra. Incluso hay quien apunta a que la idea de la expulsión fue de Carlos Alonso Zaldívar ¿Cómo reaccionó ante este hecho nuestro ministro de asuntos exteriores? ¿Cesando fulminantemente al responsable de la embajada? Por supuesto que no, no puede destituir al embajador, por seguir los dictados de su jefe de ponerse de parte de los tiranos. ¿Llamando a consultas al embajador? Bueno, aquí si ha hecho un mediano esfuerzo al convocar a la embajadora de Cuba en España, Isabel Allende, para pedirle explicaciones. Pero aquí acabó todo. Siguiendo la estrategia de Batasuna (curiosamente de igual manera que ciertos medios simpatizantes con el terrorismo), cuando culpaba de los atentados a la guardia civil por ir provocando por estar en Vascongadas, todo el aparato mediático del PRISOE se ha puesto de parte del tirano: sólo existen condenas a Moragas, y ninguna por supuesto a Castro. Así Trinidad Jiménez, secretaria de política internacional del PSOE, pasa a declarara que el único culpable es la víctima por "falta de madurez" y por querer "llamar la atención" (habrá que enterarse en qué artículo que qué ley figura eso como delito). El portavoz socialista en la comisión de asuntos exteriores del congreso, Rafael Estrella, acusa a Moragas de alinearse con los sectores más extremistas del exilio que no quieren el diálogo. Según este individuo, personas que han sido encarceladas, expulsadas, torturadas y robadas tienen que dialogar con quien ha ordenado estas acciones. Menos mal que no ha pedido que los fusilados por Castro se levanten de sus tumbas a dialogar con él. No sé por qué me ha recordado a los argumentos del nazionalismo vasco cuando realiza esas acusaciones de falta de diálogo con ETA. ¿Y nuestro presidente del gobierno? Bueno, ya conocemos que es un hombre que se fatiga, y que se limita a cumplir el horario de funcionario, por lo que no tenemos presidente los fines de semana.
¿Cómo ha reaccionado las víctimas de Castro ante estos sucesos? Bueno, ellos apuntan al hecho más importante, todo el mundo tiene derecho a hablar de lo que le dé la gana, parece que no tienen ningún problema en identificar al único culpable de todo esto, Fidel Castro, y en poner de manifiesto que la política de apaciguamiento de Zapaterlain con terroristas y dictadores no sirve para nada. Lógico, ¿por qué lo van a hacer, si saben que les va a seguir apoyando hagan lo que hagan?
Actualización:
José Blanco no se resiste al encanto de la equidistancia. Si bien considera no aceptable que se haya prohibido la entrada a un ciudadano español, considera que el PP está alentando "el enfrentamiento y la división" y que no es "la mejor [forma] para buscar puntos de encuentro y acabar con una política basada en la crispación".
Actualización II:
El gobierno de los Países Bajos sí cumple sus obligaciones, a diferencia del nuestro. Además de expresar su "seria preocupación" por los derechos humanos en la isla, su ministro de exteriores afirma que no admite que "ningún holandés, aunque no sea diputado", sea expulsado de Cuba de la forma en que lo fueron los diputados Boris Dittrich (del partido liberal D66) y Katleleen Ferrier (del democristiano CDA), así como el parlamentario español Jorge Moragas (PP).