El poder y su corrupción
Ceaucescu on Oct 31st 2005
Power tends to corrupt, and absolute power corrupts absolutely.
Lord Emerich Edward Dalberg Acton (1834-1902)
El mayor riesgo del totalitarismo reside en el hecho de que éste es utilizado por el burócrata en imponer su voluntad a la de los ciudadanos, por encima de su derecho a tomar sus decisiones libremente. Muchas veces el político pide la consecución de fines más elevados que suele acompañar de las palabras “solidaridad”, “mejor gestión”, “desarrollo sostenible”, “medio ambiente”, “respeto a las minorías”, etc. Para ello reclama que se ponga límites a la libertad de los ciudadanos, eliminando incluso su derecho a la propiedad. El problema es doble, de un lado el gobernante puede creer que tiene la solución para determinados males, y que su solución es la mejor y la óptima. Desgraciadamente somos humanos y nuestro conocimiento es limitado y finito, por lo que es imposible que una persona o colectivo alcance dicho óptimo, puesto que no hay nadie que sea capaz de conocer, analizar y evaluar todas las preferencias, necesidades y circunstancias de otro ser humano. Por tanto nadie aparte de uno mismo puede tomar decisiones óptimas que afecten a un individuo. De ello se deduce que pese a todas las buenas intenciones que pueda tener un político es imposible que tome decisiones que beneficien a una comunidad, puesto que dichas decisiones limitarán la libertad de los individuos y por tanto su capacidad para tomar las decisiones que más le satisfagan.
De otro lado el gobernante puede caer en la tentación de tomar decisiones, no en aras de los intereses del pueblo que se ha comprometido en defender, sino en función de los intereses particulares de dicho político, con el fin de autoperpetuarse en el cargo o el de conseguir riquezas, privilegios y prebendas aprovechando su posición de poder, pisoteando los derechos y libertades de sus gobernados. De ahí el dicho de que el poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente.
Es por ello que la mejor receta para evitar el totalitarismo sea la limitación del poder del Estado y la protección de los derechos del individuo frente al gobernante.
Un ejemplo claro de la corrupción del poder lo podemos ver en los continuos ataques que la coalición nacional-socialista gobernante en Cataluña a la COPE. Los ciudadanos, en un ámbito de libertad de expresión escogería escuchar aquellas emisoras de radio que más satisfacen sus necesidades. Esta es una decisión personal que no debería ser tomada por ninguna otra instancia ajena al propio individuo. No obstante, el burócrata ha detectado críticas de dicha cadena a su gestión. Precisamente porque esta crítica puede poner en peligro su permanencia en el poder y su enriquecimiento inmoral puesto que se realiza, no con decisiones voluntarias de los individuos, sino aprovechando su poder coercitivo, decide, no defender los intereses de la ciudadanía, sino los suyos particulares. Por tanto, toma la decisión de eliminar a quien suponga una amenaza a su poder, en este caso la COPE, en lugar de defender los intereses de los individuos y defender la libertad de expresión. Así, el ministro de Industria Turimo y Comercio, nacido en Iznájar e irónicamente paladín del nacional-socialismo catalán, José Montilla Aguilera, acusa a dicha cadena de incitar al odio, primando sus intereses particualres, en lugar de defender el derecho a la libertad de expresión. Tras eso, y probablemente, como consecuencia de dichas declaraciones, algún individuo decide dar un aviso de bomba falso a dicha cadena. No satisfechos con dicha medida, el gobierno nacional-socialista de Cataluña amenaza con retirar las licencias de emisión de dicha cadena en dicha región, en lugar de defender la libertad de opinión. Y finalmente desde la misma Generalidad, se envían correos electrónicos “aconsejando” retirar la publicidad que particulares, habían contratado con dicha cadena, en lugar de defender la libertad de los individuos para contratar su publicidad con quien le parezca.
Actualización:
Me uno a Batiburrillo y a Desde el Exilio a la campaña "yo estoy con la Cope".
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