Cuando me disponía a escribir esto me encuentro en Libertad Digital con un atinado artículo de mi compatriota Constanza Mazzina que les recomiendo vivamente a todos los interesados en la política latinoamericana.
El sábado pasado también encontré otra pieza interesante, aunque esta vez aterradora. Se trata del publirreportaje titulado La ministra de los pobres en el suplemento “femenino” del diario El Mundo, Yo Dona. No sé quién sera Milena Zapata, pero tiene toda la pinta de ser la típica progre “pija” europea -¡cuántas hay en esa revista!- que practica el racismo inverso cuando se aventura parajes exóticos. Y si no lo es, asume que sus lectoras lo son. Se mire por donde se mire, es una vergüenza. Siento faltar, pero no encuentro otra definición para ese tipo de personas, esas montuvias vestidas de Chanel, como me gusta llamarlas.
Deslumbrada por la ministra de justicia boliviana Casimira Rodríguez, mujer sin estudios y fundadora de la Federación de Trabajadoras del Hogar de Bolivia ¿Quién mejor que ella puede entender la necesidad de que actúe con equidad?- y sobre todo por sus trenzas negrísimas, que le llegan a la cintura- y luego se quejan de que algunos perpetúen la llamada España cañi. ¿Es que la Pantoja no tiene el pelo largo?- la periodista nos regala un auténtico panegírico sobre la justicia indígena y el programa político de Evo.
Esta ignorante turista de tercera que no parece haber salido de la península en su vida -habla de las cholas como sinónimo de indias, cuando en Bolivia esa palabra tiene otro significado que en Perú, por ejemplo- afirma que para los indios bolivianos nada ha cambiado desde la explotación colonial. Ella, que parece saber mucho sobre América Latina, nos contará por qué.
Respecto a la protesta del Colegio de Abogados por su nombramiento como ministra, Rodríguez dice que ellos hablan desde la mirada de las leyes, pero no ven nuestra manera de entender la justicia. En cambio ella, que no tiene estudios, sí que comprende la justicia de los otros. Supongo que por inspiración divina.
Uno para hacer justicia, no necesita grandes títulos, porque sabe qué es justo y qué no. Esa es la trampa del populismo latinoamericano que tanto gusta aquí. Todo el mundo puede mandar y cambiar las leyes, pero ese poder me pertenece 100% a mí y nadie lo puede limitar, ya que encarno al pueblo, así que cualquier cosa que se diga en mi contra es un atentado contra el pueblo y merece un severo castigo. ¡Qué lindo!
La reportera presencia una reunión de Rodríguez con un grupo de indígenas, y se entera que un mandato de los incas impone la pena de muerte a la mujer que aborte un varón, pero que si aborta a una mujer, recibirá sólo castigos físicos. El hombre plantea la necesidad de ser críticos con sus propias costumbres. Sin embargo, la periodista olvida contarnos en qué consiste esa crítica. ¿Tal vez en pena de muerte para el aborto en general, sea el feto varón o hembra? Por cierto, ¿cómo sabían los incas el sexo del feto desde tiempo inmemorial, o esta ley es posterior al invento de la ecografía?
El resto del artículo es un cúmulo de despropósitos que se suceden casi sin solución de continuidad, como que en los lavabos del sexto piso no hay jabón ni papel higiénico, lo que para la turista es un loable signo de austeridad. Yo la invito a que haga lo mismo en su casa y que lo proponga en su trabajo. Seguro que será elogiada por todos.
Lo que nuestra amiguita desconoce es que por desgracia muchos indígenas no usan papel higiénico, y hacen sus necesidades en la calle. Alguien que ha pasado más de dos días en Bolivia o en Ecuador repara en ello, no sólo por el olor de algunos indios, sino por los carteles que puede leer en muchas plazas instando a la población a no orinar ni hacer de vientre en la calle. Algunas pensamos que más que hablar de justicia indígena, la señora Rodríguez y sus amigas podrían dedicarse a explicar a algunos indígenas los efectos positivos del agua mezclada con jabón, si es que no contradice ninguna ley ancestral -no lo creo; seguro que los dioses estarán más que complacidos.
Sólo en una cosa estoy de acuerdo con Casimira Rodríguez. Hay que combatir la corrupción judicial en América Latina -si yo les contara- y acabar con el enchufismo. Yo añadiría que precisamente porque son estas lacras las que han creado monstruos como Evo Morales y sus secuaces, quienes con la excusa de lavar el país de corruptos acabarán con las pocas oportunidades de modernización, y al final crearán lo que al menos no había con la democracia liberal: enfrentamientos civiles y miedo, no sólo entre los indígenas, que por supuesto tendrán que permanecer como si fueran un parque temático político -¡ay de aquella que se quite la pollera!- sino entre toda la población. Sin embargo, piensen en la cantidad de pseudoperiodistas de la calaña de Milena que podrán hacer exóticos viajes a cuenta de su revista para relatarnos a todos las maravillas de la cosmovisión andina. Y la de ponchos y demás atavíos que adquirirán y con los que sorprenderán a sus invitados en esas cenas en las que relatarán el efecto catárquico de su último viaje a esos nuevos Paraísos Perdidos.
Concluyo aquí porque si sigo no termino. Como decían aquí cuando regresó su rey Fernando VII de Francia, ¡vivan las cadenas!