“¿No te das cuenta de que el objetivo último de la neolengua es reducir la capacidad de pensamiento?” (Orwell en “1984″)
Orwell en su “1984″ nos presentó un concepto digno de ser tenido en cuenta, la neolengua, o la manipulación del lenguaje para limitar la libertad de las personas allí donde es más efectivo, limpio, seguro y económico limitarla: dentro de sus mentes, cambiando la forma en que piensan, sienten y actúan. Limitada ahí la libertad, no hay que preocuparse luego tanto de otras mil y una libertades varias: libertad de expresión, de prensa, de enseñanza, de reunión, etc.
Se dice que Orwell tomó la propaganda nazi y soviética como referencia para la neolengua de su novela. Ahí es na’.
Llevamos años asistiendo a la implantación de una neolengua en nuestra sociedad, llena de palabras calculadas, modificadas y manipuladas; en algunos casos habría que decir que prostituidas. Podríamos empezar por toda la nueva terminología educativa de la LOGSE, seguir con la machacona “igualdad” (de esa me ocuparé otro día) y continuar preguntándole a Caldera qué nuevos avances en neolengua ha estado planeando con ese compinche lingüista progre que se han buscado, a falta de talento propio:
http://www.elsemanaldigital.com/articulos.asp?idarticulo=76381
Tal vez las palabras acabadas en “Z” no sean más que heraldos de los cambios en el lenguaje que nuestro aspirante a “gran y amado líder” nos prepara. La vocación de manipular el lenguaje y las mentes les sale por los poros.
Una de las víctimas de la neolengua, es la palabra “solidaridad”, que seguramente dentro de poco será cambiada por solidaridaZ.
La solidaridad humana no creo que la haya inventado nadie, más bien creo que está “codificada” en la parte de nuestra conducta que viene determinada genéticamente por miles de siglos de evolución. Tiene mucho sentido que para un “animal social” tan sofisticado como el ser humano, la tendencia a ayudar a otros en caso de necesidad circunstancial haya jugado un papel clave en la supervivencia de la especie. Y si ha de atribuírsele a alguien la invención de la solidaridad, creo que Cristo llegó muchos siglos antes que el marxismo y sus derivados.
Según la RAE, la solidaridad es “Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros.” La definición de la enciclopedia Larousse es prácticamente idéntica.
- “Adhesión” implica estar de parte del otro y dispuesto a actuar a su favor, pero no determina ningún tipo de acción concreta, ni mucho menos un apoyo económico. Obviamente, la adhesión es algo voluntario y de buen grado, de contrario hablaríamos de sumisión o coacción.
- “circunstancial”, o en base a unas circunstancias concretas, que pueden cambiar, cómo probablemente pretende la solidaridad en cuestión.
- “a la causa o empresa de otros”, es decir, aquellos con quienes nos solidarizamos están trabajando por conseguir algo o aspirando a ello, hay un objetivo final.
Si cambiamos uno o varios de estos factores, lo que tendremos no será solidaridad, sino otra cosa.
- Si voy por la calle y a la vuelta de una esquina me encuentro dos personas, mal vestidas y con cara de no haber comido caliente en días, que venden flores, y les compro un ramo, eso es una compra-venta. No es solidaridad, aunque podría ser que les comprase el ramo con intención de ayudarlos, y alguien me diría que soy “solidario”, pero puede que realmente me traiga al fresco su situación y sólo me interesen las flores baratas.
- Si me encuentro a esas dos personas sin puesto de flores, diciéndome “señorito, deme una ayuda” (¿habéis visto que ahora se dice “ayuda” en vez de “limosna” … ?), y se la doy y les soluciono la comida de hoy, pero nada más, eso es caridad. Tal vez mañana o pasado les dé otra limosna, para que coman ese día, y seguiría siendo caridad, porque a base de limosnas no van a salir de pobres.
- Si en el caso anterior, en vez de darles una limosna me ofrezco a ayudarles a encontrar trabajo, para que puedan comer todos los días sin depender de las limosnas, eso es solidaridad.
- Si según doblo la esquina uno de ellos salta sobre mi inmovilizandome los brazos y el otro, navaja en mano, me quita todo lo que llevo encima, eso, aunque los ladrones tal vez sí lo llamen así, no es solidaridad; se llama atraco.
- Si nuestros “amigos” en vez de acechar en la esquina, se enteran de donde vivo y esperan a que no haya nadie en casa para entrar y llevarse de todo sin que me entere, eso, aunque los ladrones tal vez sí lo llamen así, no es solidaridad; eso se llama robo.
La solidaridad es voluntaria, desinteresada, ligada a unas circunstancias y, a menudo, un tiempo limitado, y no necesariamente monetaria, ya que si sólo se pudiese ser solidario dando dinero, mucha gente de buen corazón y buena voluntad quedaría excluida.
La solidaridad, como la caridad o el altruismo, arrancan de un sentimiento interno, de un deseo personal de ayudar desinteresadamente, y a veces incluso con pérdidas o inconvenientes para nosotros; la solidaridad es familia cercana de la *generosidad*. Por otra parte, es normal que quienes reciben esa adhesión, no digamos ya ayuda, de los solidarios, devuelvan a estos un sentimiento de gratitud, de estar en deuda con ellos y ayudarlos cuando los otros lo necesiten y, en especial, muy en especial, de no aprovecharse de quienes los ayudan, de no requerir ni aceptar más dedicación ajena de la necesaria, esforzándose por necesitar lo menos posible.
Estas acción y reacción de los sentimientos humanos, de obvia e indudable utilidad para fortalecer la cohesión de un colectivo humano, muy probablemente son un factor clave de lo que alguien, en algún artículo que leí en alguna parte, llamaba las estructuras naturales de la sociedad.
Pero ¡ay amigo! llegaron los socialistas y, como sobradamente han demostrado, ellos no quieren estructuras naturales en su modelo artificial, regulado, intervenido, y totalitario de sociedad; había que cambiar las cosas. No se puede dejar que la gente haga las cosas por libre; no se puede dejar que los sentimientos de la gente tengan efectos fuera del control del Estado; no se puede dejar libertad de sentimientos. Para eso está la neolengua, la EpC, la propaganda y el adoctrinamiento en definitiva.
Así, el Estado intervencionista (socialista) pasa a “regular” la solidaridad, como tantas y tantas cosas que quiere regular. Y no se limita a incentivar o canalizar la solidaridad, no. Se pone a crearla a la fuerza, como si pudiese crear los sentimientos de la gente, como si fuese más que Dios, porque hasta Dios respeta el libre albedrío. Pero claro, los sentimientos, en especial los positivos, no pueden fabricarse y cuando se fuerza a alguien a actuar como si los tuviera, pero sin tenerlos, las situaciones pueden ser muy duras. Un ejemplo simple:
Si una mujer se siente atraída por un hombre, se enamora de él y a raíz de eso acaban en la cama, diremos que eso es amor, pasión, deseo o lujuria. Si la mujer no se siente atraída por el hombre, pero aparece un tercero en escena, le pone una pistola en la sien y le dice “o te acuestas con éste y haces que se lo pase bien, o va a haber una zorra menos en el mundo”, entonces no llamaremos a eso amor, sino extorsión y/o prostitución, y al de la pistola, proxeneta. Algo muy diferente del primer caso.
El Estado proxeneta socialista, cuando intenta forzar la solidaridad, lo único que hace es prostituirla, para, cual proxeneta cualquiera, obtener un beneficio de ello.
Para que su proxenetismo no sea tan descarado, el Estado socialista lo convierte en leyes, leyes que “adorna” con la palabra “solidaridad”; solidaridad … obligatoria; solidaridad entre la espada y la pared. Y no sólo eso, quienes hacen intención de negarse a participar en la solidaridaZ son, de entrada, tildados de insolidarios (¿tiene sentido tal término?), posteriormente extorsionados, y finalmente, si persisten en su “insolidaria” (más neolengua) actitud, atracados y/o robados por el Estado.
Un ejemplo real es la famosa “solidaridad interterritorial” entre comunidades autónomas, para cuya defensa más de uno se agarrará a la Constitución, la cual creo que tampoco es Dios, ni su palabra.
La “solidaridad interterritorial” consiste en “mover” dinero de los habitantes de una CA para dárselo a los de otra. ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Hasta cuando?
Este dinero es recaudado mediante impuestos directos y/o indirectos. No es ninguna entrega voluntaria, a menudo ni siquiera consciente; aquellos de quienes se detrae el dinero no saben a quién ni por qué irá el dinero. No hay adhesión a ninguna causa, no está clara la causa ni si la hay, no se especifican circunstancias otras que la diferencia de renta, lo que para muchos pagadores malamente justificará la confiscación de sus fondos. Tenemos pues lo más parecido al atraco y el robo del caso de nuestros vendedores de flores.
A quienes se les ha quitado el dinero sin su consentimiento / conocimiento, no se les reconoce ninguna generosidad, ningún buen corazón, ni buenos sentimientos; no reciben ni el más mínimo crédito por haber sido desposeídos del fruto de su trabajo. El Estado ha convertido en obligación lo que antes era libre albedrío; ha suprimido algo que engrandecía a las personas, que nos hacía preocuparnos por los demás y actuar, algo que nos humanizaba, algo que ¡claro! va en contra de la sociedad uniformizada que busca cualquier totalitarismo. Ahora, los males de los demás ya no son problema nuestro, el Estado se ocupará, dejemos de sentir necesidad de ayudar.
Por cierto, ese dinero confiscado a unos pasa a ser conocido con otra palabra de la neolengua antes de ser transferido a otros, como he apuntado antes: “las ayudas”; no es dinero confiscado o robado … son … ayudas. Me recuerda esa escena de Jesucristo Superstar cuando Judas tira contra el suelo las monedas de plata diciendo “¡no quiero vuestro dinero ensangrentado!” y los otros le responden: “no es dinero ensangrentado, son unos honorarios, sólo unos honorarios”. Si hicieran ahora la traducción, dirían “unas ayudas”.
Los destinatarios de “las ayudas”, no perciben que ese dinero venga de otros ciudadanos a los que les ha sido sustraido contra su voluntad y/o su conocimiento; sólo perciben que viene del Estado, y más concretamente del partido en el poder, que ya se cuida de acaparar todo el protagonismo de “las ayudas”, con obvios fines de perpetuarse en el poder.
Y por si algún destinatario de las ayudas tuviese reparos morales en recibir algo a cambio de nada, no hay problema; el Estado tira de nuevo de la neolengua y da un nuevo significado a la palabra “derechos”, o si se quiere, se inventa un nuevo “derecho”: el de recibir una parte de lo producido por quienes son más productivos que tú, a cambio de nada y sin más justificación que la simple existencia de esas diferencias. A su vez justifica éste con la sacrosanta “igualdad”, otro término paradigmático de la neolengua. Ese “derecho” desconecta definitivamente a los receptores del dinero de aquellos que lo han producido, colocando al Estado (y frecuentemente al partido) como único ente visible que otorga el derecho, entrega el dinero … y recibe la gratitud.
El Estado, en la “persona” del partido gobernante, no sólo roba el dinero de unos para dárselo a otros; también roba, y esto es lo más miserable, la gratitud de los destinatarios, a fin de capitalizarla electoralmente.
Si esto no es prostituir la solidaridad, que baje Dios y lo vea.
De esta forma, el Estado destruye las estructuras sociales naturales de la especie humana, avanzando en el camino hacia un sistema totalitario implantado directamente dentro de nuestras mentes, que van quedando desprovistas de solidaridad de verdad, la cual es reemplazada por la solidaridad estatal.
Puede que “las ayudas” tuviesen sentido hace 25 ó 30 años, en los albores de la actual democracia, cuando se podía plantear que sirviesen para que las comunidades menos productivas alcanzasen a las más productivas, de modo similar a los fondos de cohesión entre países europeos. Pero a fecha de hoy, las CC AA que pagan siguen siendo poco más o menos las mismas que entonces, y otro tanto con las que reciben.
¿Qué pasa? ¿En qué han venido utilizando “las ayudas” las comunidades “pobres”? ¿De verdad son pobres? ¿Por qué es Madrid más rica que Andalucía? ¿Por tener más recursos naturales, extensión y población? No creo que por ninguna de esas causas. ¿Por qué a pesar de las ayudas no se han igualado con las demás comunidades? ¿Y precisamente las que llevan con gobierno socialista ininterrumpido desde entonces?
Tomando como ejemplo Andalucía, comunidad de nacimiento de mis cuatro abuelos, ¿en qué se han venido gastando “la solidaridad”? ¿En mejorar la Educación Pública, algo fundamental para el avance de una región? Parece que no:
http://www.porandalucialibre.es/actualidad/andalucia:_tema_del_dia/el_informe_sobre_el__fracaso_escolar_en_espana_muestra_a_una_andalucia_que_empeora_gravemente.html
http://www.elmundo.es/elmundo/2007/12/04/espana/1196763523.html
Claro que esto a Chaves no le preocupa; él soluciona el problema gastándose el sueldo (dice) en pagarle estudios privados a los hijos, en España y en el extranjero, hijos que no deben ser muy listos, porque después de tantos y tan caros estudios, todavía necesitan la ayuda del padre para pagarse la casa o el coche:
http://www.elmundo.es/elmundo/2007/11/21/espana/1195609648.html
Por cierto, aunque mis abuelos o sus hijos acabaron emigrando, me niego a aceptar que, como más de uno dice y piensa en esta España nuestra, de Andalucia, Extremadura y otras comunidades se fueron todos los que valían para algo, allí sólo se quedaron los tontos, y así les va.
Es obvio que las comunidades perceptoras del dinero saqueado de “las ayudas” no las han utilizado tanto para acortar distancias con las demás, como para convertir a sus presidentes socialistas en virreyes de facto. ¿Cual es la “empresa o causa” de estas comunidades para llevar más de un cuarto de siglo recibiendo dinero de los demás? El “dame parte de lo que tú ganas para que yo viva igual de bien que tú, pero trabajando menos que tú”, no es una causa o empresa, más bien es un alarde de cara dura.
La “solidaridad interterritorial” no existe; no hay adhesión por parte de los que pagan; no es circunstancial, se ha convertido en incondicional e indefinida; no hay otra causa o empresa que la demagogia socialista; no hay gratitud a los que realmente pagan, sino a los virreyes socialistas; no hay esfuerzo ni interés por dejar de percibir “las ayudas”, que se han convertido en un “derecho adquirido” (más neolengua).
“Solidaridad interterritorial” es la forma en que los socialistas, con la neolengua, han prostituido la palabra solidaridad para mantener la hegemonía sobre unas comunidades a las que sin embargo, no han sacado del furgón de cola, en buena medida porque no les interesaba; mientras que una cantidad significativa de gente dependa de “las ayudas” y ellos sean los garantes de las mismas, tienen el puesto asegurado de por vida. Demasiado descarado.
“Solidaridad interterritorial” es, dada la situación a fecha de hoy, un eufemismo bastante menos adecuado que “caridad interterritorial”, por dejarlo en algo suave y compasivo.
Si bien me he centrado en la “solidaridad interterritorial”, me parece obvio que otro tanto se podría decir de cualquier “solidaridad” prostituida regulada forzada por el Estado.
Perdón por un mensaje tan largo, y gracias por haber llegado hasta aquí. Una cosa final nada más; cuando digo socialistas, salvo en lo que a CC AA concretas respecta, no me refiero sólo al PSOE, sino a todos los socialistas, los de todos los partidos, como diría Hayek ;-)