En la España de hace un siglo (e incluso menos) incontables niños no fueron mucho a la escuela, muchos incluso no fueron en absoluto. Ello perjudicó las posibilidades profesionales y económicas de muchos de ellos durante el resto de sus vidas. Esos niños, de adultos, valoraron enormemente el hecho de “tener estudios” e intentaron por todos los medios, a menudo con grandes sacrificios, que sus hijos tuvieran estudios, que tuvieran las mismas oportunidades que los niños de familias con más recursos. Ello llevó a una cultura de reivindicación de la llamada “igualdad de oportunidades”, que se ha convertido en uno de los mantras de cualquier partido que se diga democrático.
Sin embargo, “igualdad” y “oportunidades”, son términos que representan conceptos contradictorios. Cómo comenté en otro mensaje, la igualdad hace malas migas con la libertad, y el hecho de tener oportunidades no es otra cosa que tener libertad de elegir entre muchas opciones. Cabe preguntarse pues si en la “igualdad de oportunidades”, ha de prevalecer lo de la “igualdad”, o lo de las “oportunidades”.
Con la “igualdad de oportunidades” que ofrece el actual sistema educativo socialista, está bastante claro lo que prevalece: la igualdad. Las oportunidades para las que se está igualando a toda la población son menos importantes que el hecho de igualarlos a todos.
Así, tenemos que las oportunidades que se están ofreciendo a los niños y jóvenes españoles son sólo un reducido subconjunto de todas las posibles, de todas las que les permitirían desarrollar al máximo sus capacidades, empezando por descubrir y estimular dichas capacidades. Una cosa es que a los 14 años te den la oportunidad de estudiar Literatura, Historia o cómo resolver ecuaciones de segundo grado, y otra es que te obliguen a ello, negandote la oportunidad de empezar como aprendiz en un taller, en una carpintería o en una oficina, o bien cambiar esas asignaturas por una formación profesional en algo que te guste, en algo para lo que tengas vocación y talento.
Los muchos años de entrevistar gente en búsqueda de buenos profesionales, más el trato con incontables empresas, sus dueños y sus trabajadores, me llevaron a la conclusión de que un buen profesional es el resultado de combinar talento y vocación (que se suelen traer de la cuna) con formación académica y experiencia en la práctica, con lo que tenemos los cuatro componentes que permiten descollar en cualquier actividad. El actual sistema pasa olímpicamente de buscar talento y despertar vocaciones en todas las ramas del saber y el hacer humanos. No hablemos ya de desarrollar lo que ni siquiera se busca.
Una buena parte de las asignaturas contempladas en el actual sistema educativo sólo tienen sentido como base para estudios post-ESO, o bien son asignaturas “culturales”, pero de nula utilidad para ganarse la vida o tan siquiera desenvolverse de forma satisfactoria en el mundo real. Así, a los 16 años (cuando no a los 18 o más) la abrumadora mayoría de los chavales acaban la ESO, no ya sin capacitación alguna con que ganarse la vida, sino incluso sin haber sido mínimamente instruidos sobre cómo funciona la economía, el trabajo, qué es una empresa, cómo funciona, etc.
Creo que hay tres formas de ganarse la vida:
a) Vivir de las rentas o del cuento (los que pueden).
b) Trabajar por cuenta propia (los que saben cómo, o valen, o se atreven).
c) trabajar por cuenta ajena (el resto).
Para quienes necesiten trabajar para vivir, el apartado b) es mucho más recomendable que el c); aparte de tener abierta la puerta a mejores ingresos, se reduce o anula el riesgo que implica depender de una única fuente de ingresos (la empresa para la que se trabaja), y además, si se desea, suele ser fácil pasar de la situación b) a la c).
Hace cosa de diez años, el alcalde de un municipio de Cantabria, municipio eminentemente industrial y obrero, tuvo una brillante idea, levantó en su pueblo el primer centro de empresas de la región. Al margen de las variadas circunstancias que rodearon el proyecto, desde mi punto de vista este hombre tuvo una idea admirable y genial: ofrecer a los jóvenes de su pueblo, mayormente hijos de obreros, un marco de oportunidades en el que poder llegar a ser empresarios, algo que a fecha de hoy sigue siendo mucho menos accesible a los hijos de los obreros que a los de los empresarios, desigualdad de la que por cierto, nadie de izquierdas habla ni comenta. ¿Por qué será?
Para los que se están preguntado el partido del alcalde, la respuesta es … PSOE. Años atrás abandonó el PSOE incorporándose a otra formación de corte progresista. No es de extrañar que abandonase el PSOE, y es que Don Ángel Duque era un socialista raro, raro, raro donde los haya: ni sinvergüenza ni ingenuo. Para desesperación de todos sus oponentes, en las pasadas elecciones municipales volvió a ganar con su nueva formación.
A la luz de estas consideraciones y experiencias, entre otras muchas, y tras tantos años de propaganda con la igualdad de oportunidades, no puedo por menos que responder:
¿Igualdad de oportunidades? No gracias, prefiero libertad y amplitud de oportunidades ;-) O si se quiere, igualdad sí, pero en la libertad y amplitud de oportunidades, no en la restricción de las mismas.
En el siglo XIX la derecha (entonces sí había “derecha”, ahora no) estaba en contra de la igualdad de oportunidades, en el XX el socialismo convirtió en obligatoria la igualdad, sin preocuparse mucho de las oportunidades. Ojalá que en el siglo XXI el liberalismo haga que esa igualdad lo sea de libertad de acceso a todas las oportunidades posibles, y no sólo a unas pocas.